El turismo puede ser realmente un motor de desarrollo económico y una herramienta útil para luchar contra la pobreza en el mundo.
En el Turismo Justo se reclama un reparto más equitativo de la riqueza que genera el turismo. Se incide especialmente en el desarrollo de una actividad turística desde la participación activa y directa de la población local en una relación de intercambio que garantice, a la vez, los niveles de calidad exigibles de los servicios ofrecidos y la distribución equitativa de sus márgenes de beneficio
En teoría, y dadas sus características, el turismo actúa como dinamizador económico de los territorios en los que se desarrolla, y hace que el gasto realizado en un destino se repercuta directa e indirectamente entre diversos ámbitos: transporte, alojamiento, restaurantes, ocio y cultura, comercios.. y genera, en definitiva, puestos de trabajo y rendimientos económicos para la comunidad receptora.
Pero esto sólo es en la teoría, ya que demasiados destinos turísticos en el mundo muestran unos desequilibrios sociales tan agudos que ponen de manifiesto claros problemas de distribución eficiente de la riqueza, que desembocan en altos índices de pobreza
Y por eso están surgiendo iniciativas en el mundo, especialmente en comunidades relacionadas con el mundo agrario, que ofrecen unos niveles de calidad más que aceptables desde el punto de vista turístico, manteniendo una distribución equitativa de sus márgenes de beneficio.
Sería deseable que esta sensibilización llegase también a los hoteles y operadores multinacionales establecidos en los países menos desarrollados. Pero esto parece que está más lejos, y desde mi punto de vista, vendrá después de que sean los clientes los que estén sensibilizados con el tema y empiecen a primar ese criterio en sus decisiones de compra.
Hablando en plata, cuando los clientes lo demanden, los hoteles y operadores lo ofrecerán. Y mientras eso sucede, algunos nos conformaremos con ofrecer alternativas aunque sea para una minoría.





Vía Email